DE INTERÉS
| EL TOREO, TODO UN ARTE |
| Tauromaquia y cultura |
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El toreo tiene siglos de historia, pero es en el XVIII cuando se popularizan las corridas tal y como las conocemos en la actualidad, así como las normas que las rigen: Hay 6 toros para 3 toreros (dos para cada uno), distribuidos por orden de veteranía. El primero en tomar la alternativa es quien torea en primer lugar. La corrida tiene tres partes: un primer tercio en el que el torero lidia con el capote y en el que también intervienen los "picadores" que pinchan al toro para disminuir su bravura. Luego hay un segundo tercio en el que actúan los banderilleros, poniendo tres pares de banderillas. Y por último, el tercio final en el que el matador vuelve a torear al astado pero ahora con la muleta y, finalmente, lo mata con la espada para culminar la faena. Si esta ha sido acertada el público agitará simbólicamente sus pañuelos pidiendo los trofeos para el torero, que no son otros que las orejas y el rabo del animal que yace muerto en la arena, Aunque la última palabra en la concesión de trofeos la tiene el Presidente de la Plaza. El mayor honor para un torero es abandonar el ruedo a hombros del público.
Esta es una escueta descripción de la fiesta taurina en cuanto a su desarrollo. Pero la fiesta taurina es mucho más… Es difícil trasladar al papel el colorido de la plaza, el ambiente, el sonido de los clarines, la valentía del torero, el respeto entre el hombre y el animal, la bravura y nobleza del toro… todo esto es complicado de entender si no se ha vivido y "respirado" la Fiesta de cerca. Aunque son muy frecuentes los casos de extranjeros que, tras un primer recelo, sucumben a la magia del toreo y un claro ejemplo lo tenemos en un norteamericano, amigo de Botín, y completamente enamorado de la fiesta de los toros: Ernest Hemingway.
Para ilustrar mejor lo que son las corridas de toros, sirva como ejemplo esta preciosa y muy descriptiva poesía de Rafael Alberti:
Poema Corrida De Toros de Rafael Alberti:
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas.
Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela!
Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva.
Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas.
Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado.
Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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