DE INTERÉS
El Juli abre la Puerta del Príncipe
Corrida de Resurrección
Sevilla, 31-mar-2013
Pasodoble Feria de la Macarena
(Héctor Ochoa)






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| TORO DE PUERTA GRANDE |
| Miércoles, 30 de Mayo de 2012 14:12 |
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CRÓNICA MADRID.- Decimoquinta del abono de la Feria de San Isidro Por Jorge Arturo Díaz Reyes La tarde traía promesas: Núñez del Cuvillo, divisa predilecta de figuras, el primer torero de Francia reaparecía tras la cornada y su épico gesto de la semana pasada, la cuarta generación de la más larga dinastía mexicana presentaba su nuevo matador de toros, y por España uno de los aspirantes firmes al estrellato. Además, clima veraniego, buena entrada, cielo azul y sol esplendoroso. ¿Algo faltó? Sí, más tipo, fuerza y raza de los toros, y el tercio de varas como debe ser, y mejor lidia, y acierto con los palos, y el toreo puro, esa joya tan escasa. Los del hierro titular, en la discreta gama que ahora llaman normal, aunque finos de cuernas, y líneas armónicas, flojos hasta la invalidez de los dos devueltos, recibieron pitos en varios arrastres y protestas durante sus lidias que por su nobleza sosa, rayana en la mansedumbre y el aburrimiento. El sobrero de Segovia manso, y el de Salvador Domecq, bronco. En ese poco notable conjunto destacó mucho en el último tercio la excelsa nobleza del cuarto. Fusilero se llamaba, castaño de 529 kilos, bien puesto de pitones. En los primeros tercios no mostró sus virtudes o quizás la burocrática lidia las deslució. Casi no picado, se repuchó en la primera entrada y tras los picotazos (de rigor ahora) salió suelto. En banderillas no persiguió. Sin embargo Sebastián Castella, con gran convicción tomó su montera, se fue al platillo y brindó al público que de comienzo la había manifestado su parcialidad irreductible. Allí mismo citó, de largo y el animal se arrancó desde las tablas para el cambiado por la espalda engarzado con un derechazo, una trinchera, un recorte y un pase de pecho, todos en uno, encumbrando la emoción. De nuevo puso distancia y casi de tercio a tercio y con toro a galope, cinco más por la diestra y el de costado. Faltó reunión, cierto, y sobraron un par de punteos al trapo pero la vibración de las embestidas y la entrega del público obviaba todo. Humillación, fijeza, son, tranco y regreso alegre, ponía el noble sin desmayo. Por la izquierda, también ligazón y plantas firmes pero la distancia entre los cuerpos se veía injusta dada la gran calidad de la embestida. Un grito alto de ¡carga la suerte! fue acallado por la ofendida mayoría como si hubiese sido una blasfemia. La faena fluyó así, en los medios, larga, rimada y matizada por los remates, ganando proximidad el hombre a medida que avanzaba, hasta meterse a la cuna en el final y desplantar en medio de gran aclamación que le pagaba esta faena y la heroica de hace ocho días. Cuando sonó el primer aviso, apenas preparaba la igualada con ayudados por bajo, trincheras y firmas. Faena larga muy vivida por el toro. Al perfilarse sin prisa, el silencio era total. Se tiró, y media espada trasera y caída se mostró a todos como una bandera en derrota, la siguiente fue honda y pasada, tardó y ya se insinuaba el tercer clarinazo al doblar el buen toro, que fue arrastrado en medio de una tempestad de aplausos. Era de puerta grande, me dijo Loperita. Claro que sí, no hay duda. Era también para la faena de la feria. Hubo petición y por supuesto saludo. Sebastián y Madrid tienen un romance que pasa por encima de los infortunios y otras cosas. Con el manso segundo bis, abrevió, y nadie dijo nada. Diego Silveti, confirmó con un toro que fue protestado fuertemente por poca facha y mucha debilidad. Estuvo muy aseado, muy en sitio, muy torero, pero entre las deficiencias del toro, cuya virtud fue la fijeza, y el ta-ta-tá, la ilusión de honrar su confirmación con un triunfo se fue diluyendo. Los dos pinchazos y la estocada la finiquitaron del todo, pero fueron seguidos de nutridas palmas ganadas de verdad, no por simpatía. El sexto se lo devolvieron, y el bis fue un bruto que le buscó y lo desarmó y no le dio paz, del cual se deshizo con estocada tendida. Daniel Luque, con dos flojos y sosos a morir, el tercero anovillado, hizo el esfuerzo. Lucieron como lo mejor de capa en la tarde, sus seis verónicas y media al quinto, ganando pasos, cargando y acompasando. Pero nadie le agradeció sus empeños con la muleta. Quizá le quisieron cobrar a él las culpas de sus toros. No mató con tino tampoco y pasó en silencio. Una vez más en esta feria los toros, los toros normales, los nuevos toros de Madrid, aparecen como los malos de la película. Que sigan con ese cuento de que a Madrid hay que quitarle toro para salvar la fiesta y vean para donde nos llevan.
Ficha del festejo: Plaza de toros de Las Ventas. 15ª de San Isidro. Sol y calor. Más de tres cuartos de aforo. Ocho toros, seis de Núñez del Cuvillo, 2º y 6º devueltos por invalidos, 2º bis de Carmen Segovia y 6º bis de Salvador Domecq, de diversa presencia y juego, escasos de raza y fuerza la mayoría. Sebastián Castella, Silencio y saludo tras petición y dos avisos. Daniel Luque, silencio y silencio. Diego Silveti, (confirmó) palmas y silencio. Incidencias: El toro de la confirmación fue Tarifeño # 45, cautreño, castaño, de 521 kilos. |